"Los hermanos y las hermanas, que Dios ha llamado a la vida de contemplación, manifiesten su dedicación al Señor con alegría diariamente renovada y celebren el amor del Padre para con el mundo, el cual nos ha creado, nos ha redimido y por su sola misericordia nos salvará". (Regla TOR 9)
Un monasterio no es una evasión de la fragilidad de la naturaleza humana, sino un modo de descubrirla y transformarla.
Si queremos que nuestras vidas estén llenas de alegría, en una sociedad en la que la gente busca los "frutos" sin tener "raíes", las comunidades monásticas muestran con su existencia las raíces de nuestra existencia a las que hay que prestar atención.
La Regla y las reglas no son pesados fardos sino suaves estímulos para cambiar; son lecciones de la escuela del amor.
El monasterio es un lugar de ayuda mutua y relaciones de alianza donde las personas aprenden a relacionarse, a amar a los demás, a encontrar a la persona más allá del cliché, a vivir la ternura, a comunicar, a perdonar, a crecer en libertad y a rezar juntos.
El monasterio es un espacio de libertad alegre, vehículo de gracia abundante, signo de paz y recuerdo de la belleza de la santidad.
> continuar |