Basilica de San Cosme y Damián

La iglesia de San Cosme y Damián fue fundada por el Papa Felix IV (526-530), que acomodó para el culto cristiano dos edificios de la Roma clásica ofrecidos como regalo por la hija de Teodorico Amalasunta: la biblioteca del "Forum Pacis" (Foro de la paz) (siglo I d. C) y la rotonda comúnmente conocida como Templo del Divino Rómulo. La iglesia de San Cosme y Damián fue, con Santa María la Antigua, el primer lugar de culto cristiano en la zona del Foro; y dado que no tenía una función parroquial, se convirtió en un santuario, dedicado a los dos santos taumaturgos Cosme y Damián, médicos militares martirizados, y al que acudían los fieles para invocar la curación. Bajo el Papa Sergio I (695) la iglesia se enriquece con el ambón, el ciborio y la decoración del arco del ábside; en tiempos de Adriano I (772) llega a ser diaconía cardenalicia y colegiata, siéndole asignadas propiedades inmobiliarias para proveer a sus actividades.

El interior de la iglesia no sufrió, a lo largo del Medioevo, grandes transformaciones; probablemente ya en tiempos de Felix IV el ambiente se presentaba como un aula con un ábside, por lo que requirió una mínima intervención para ser transformada en edificio sacro. En el siglo XII se construyó, entre la tercera y la cuarta ventana, un muro transversal sostenido por columnas, probablemente para asegurar la solidez del edificio. Por lo demás, el interior del santuario permanece sustancialmente sin cambios hasta el siglo XVI. En el 1512 la iglesia fue concedida a la Tercera Orden Regular de San Francisco, que continúa responsable de la misma.

Entre el 1519 y el 1602 sufrió la primera reforma importante, consecuencia de la rotura de parte de los pilares, lo que llevó consigo la irremediable pérdida de parte del arco del ábside. Entre el 1626 y 1632 hubo una reforma más radical: a causa del enterramiento del Foro, provocado por las frecuentes inundaciones del Tiber, se decidió elevar unos siete metros el nivel de la iglesia, dejando practicable la zona inferior; también se elevó el pavimento de la cripta y de la rotonda, junto con la antigua puerta de bronce que se colocó a la izquierda. La elevación del nivel del piso modificó de forma inevitable no sólo el espacio de la iglesia, sino también la visión del mosaico del ábside. Posteriormente se añadió el altar mayor, Domenico Castelli (1637-38) utilizó las columnas de mármol del antiguo baldaquino para construir el nuevo altar y así obstaculizó la maravillosa contemplación del mosaico y del coro. Probablemente en tiempos de Clemente IX (1667-69) se construyó un nuevo arco para reforzar el arco del ábside.

En el 1897, al hacer las excavaciones del Foro, la antigua puerta de bronce de la rotonda del Templo de Rómulo fue colocada de nuevo en su posición original. En 1947 se levanto la fachada actual de la basílica sobre la via in Miranda. La iglesia de los santos Cosme y Damián conserva en su interior muchas obras de la edad media. La primera capilla de la derecha, llamada del Crucifijo, toma su nombre del retablo del altar: en realidad es un fresco del siglo XIII traído de la iglesia inferior, completamente repintado al óleo en el siglo XVII, interesante por la iconografía de origen bizantino. Sobre el altar se conserva una Virgen con el Niño, llamada Virgen de la Salud o de San Gregorio, que data de finales del siglo XIII y se atribuye a un pintor romano, con influencias toscanas. El cuadro en sus orígenes representaba a la Virgen sentada con el Niño en los brazos, que bendecía. La tabla, sin embargo, ha sufrido el corte de su parte inferior, tal vez a causa de las pérdidas del color en esa zona.

A la derecha del altar hay un candelabro para el cirio pascual del altar del siglo XIII. La concha del ábside conserva el espléndido mosaico de la época de Felix IV, y que representa a Cristo que baja a la tierra en su segunda venida apocalíptica. Sobre una alfombra de nubes rosas y azules, Cristo tiene a sus lados a San Pedro y San Pablo que, a su vez, presentan a los santos Cosme y Damián; a la izquierda el Papa Felix IV presenta un modelo de la basílica realizada por él, mientras que a la derecha está representado San Teodoro; bajo el conjunto están representados los Doce Corderos que avanzan hacia el Cordero Divino, situado sobre un montículo central. Este mosaico es una obra fundamental del arte del siglo VI, todavía impregnada del estilo áulico del arte imperial romano tardío.

Realizado con téselas de pasta vítrea de gran calidad, el mosaico ha experimentado a lo largo del tiempo diversos retoques; Gregorio XIII (1572-85) hizo sustituir la cabeza de Felix IV por la de su homónimo predecesor Gregorio I Magno; en 1669 el cardenal Francisco Barberini encargó a Horacio Manenti rehacer la parte izquierda del mosaico, lo que llevó consigo la reposición de la cabeza de Felix IV.

Otras intervenciones para conservarlo se han realizado entre los siglos XIX y XX; por último se ha restaurado nuevamente el mosaico en el 1988-1989. La decoración con mosaico del arco absidal, mutilada a los lados y bajo el arco, representa la primera visión del Apocalipsis: en el centro está representado el Cordero sobre el trono, con el rollo de la ley con los siete sellos, mientras que a los lados figuran siete candelabros llameantes y los cuatro ángeles; de los cuatro símbolos de los evangelistas sólo se conservan el de Mateo (el ángel a la derecha) y el de Juan (el águila a la izquierda), así como de los veinticuatro ancianos que ofrecen las coronas, sólo han sobrevivido seis en la transformación de la iglesia en el seiscientos. En este mosaico los símbolos apocalípticos están sobre un fondo de oro y presentan un carácter de abstracción simbólica muy evidente. La ejecución del mosaico se remonta a la campaña de restauración promovida por el papa Sergio I en el 695.

En la sacristía se conservan el pequeño ciborio del cardenal Guido Pisan (obra cosmatesca decorada con mosaicos), el relicario de plata de San Mateo (siglo XI) y un cáliz de la alta edad media. La iglesia inferior o cripta conserva restos de la época más antigua de la basílica: el pavimento precosmatesco de la zona absidal y el altar, que es del tiempo de Felix IV o de Sergio I. En el vacío de la Rotonda, correspondiente al Templo de Rómulo y accesible desde el Foro Romano, se conservan algunos frescos que pueden remontarse al pontificado de Urbano IV (1261-1264), atribuidos a un artista romano anónimo, constituyen un momento intermedio entre las grandes pinturas de estilo bizantino y las nuevas tendencias que se expresarán a finales del Doscientos con Cavallini y Torriti. Estos frescos expresan algunos relatos evangélicos: el convite en casa del fariseo con la Magdalena que lava los pies al Redentor, las piadosas mujeres en el sepulcro, el Salvador entre la Magdalena y Salomé y los Símbolos de los Evangelistas. Se conserva también la extraordinaria tumba destinada tal vez al cardenal Guido, titular de la basílica que murió en 1449, que parece sirvió de modelo para la tumba de Alfano en Santa María in Cosmedin.

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